Etapas de construcción
Respecto al año en que empezó la construcción de la iglesia actual, no están del todo claras las fechas. Por una parte, Camino y Orella¹ dice que el contrato para la edificación del templo de San Vicente se hizo en 1507. En él intervinieron don Miguel de Ochoa de Olazábal y don Íñigo Ortiz de Salazar, como alcaldes ordinarios de la villa; don Juan Martínez de Ayerdi, jurado del Corregimiento; don Pedro de Soravilla, vicario de la iglesia y el mayordomo, maestro don Pedro de Albiz. Por parte de los constructores estuvieron presentes don Miguel de Santa Celay, maestro arquitecto, y don Juan de Urrutia.
Por otra parte, en el Archivo de Simancas,² existe una cédula real por la que se ordena al corregidor de Guipúzcoa que contribuya a la reconstrucción de la iglesia de San Vicente, que fue quemada. Del contenido de la cédula se desprende que los donostiarras habían acudido al rey Fernando el Católico indicando que: “Al tiempo que la dicha villa se quema, se hubo quemado la iglesia de San Vicente, por ser la dicha iglesia muy pobre, no se ha podido tornar e hacer”. El rey respondió que les concedería el dinero que necesitaran, pero sólo para labrar la piedra.
La iglesia no vio asegurada su construcción hasta que la reina Juana no la autorizara desde Ocaña en noviembre de 1530 y no la rectificara el emperador Carlos I con su carta al Sumo Pontífice en enero de 1537.
Las dificultades de orden económico se fueron sucediendo. En 1540, el templo se encontraba casi a la intemperie, sin ábside. El vicario pidió que se ayudase a la terminación del templo, pero no halló una respuesta eficaz hasta 1574, fecha en la que se presentaron al Corregimiento los maestros canteros don Martín de Aguirre y don Martín de Mendiola, por encargo de don Luis de Plazaola, y examinando el lugar del ábside se comprometieron a perfeccionar la obra con la condición que impuso el Corregimiento de que se había de seguir la traza del arquitecto Santa Celay y no de Juan de Lizarazu. Su trazado era mejor porque era de más fácil ejecución y de menos coste, y se decidió que no se desviaran en nada del trazado primitivo.
En 1562 la iglesia ya contaba con campanario, donde se colocó el primer reloj de la torre en 1606 por el cantero don Domingo de Cardaberaz, que lo colocó no en la torre, sino en un sencillo e indefinido remate. Le pagaron 478 ducados y 620 reales al carpintero, don Antonio Zatarain.
En 1583 se reunió el vicario de San Vicente, don Pedro de Miranda Arrazain, con los alcaldes, jurados mayores, regidor y mayordomo de la parroquia, con el escultor Ambrosio de Bengoechea, firmando un contrato para la construcción del nuevo retablo. El obispo de Pamplona, el 6 de mayo de 1583 autorizó la obra apoyándose en que siendo un “templo suntuoso y de mucha autoridad, le faltaba el retablo del altar mayor, como en semejante yglesia se requería, por ser el que agora tiene pequeño y muy viejo” y “ el que dicha yglesia no estaba endeudada, antes espera a de ser ayudada y favorecida de sus feligreses y otras personas caritativas.”, como se puede leer en el Archivo Diocesano de Pamplona.
Las condiciones impuestas al escultor fueron:
- Que se hiciera el retablo según la traza aprobada y firmada por el veedor de las obras del obispado.
- Que el retablo fuera de madera de nogal o de tilo, bien seca y muy limpia.
- Que las imágenes de la calle central fueran de bulto, los relieves de medio bulto.
- Tenía de período para acabarlo tres años, y perdería 100 ducados si no lo terminaba para la fecha indicada.
Según lo estipulado, a los tres años estaba terminado el retablo, a juzgar por el examen que se hizo de él en 1586. Actuaron como examinadores Lope de Larrea, Fray Juan de Beobes y Juan de Anchieta. No parece que quedaron satisfechos del todo, porque en 1592 se volvió a un nuevo examen por Pedro González de San Pedro, Lope de Larrea y Pedro de Arbulo.
Bengoechea tuvo como colaborador al escultor Joannes de Iriarte, natural de Alsasua y vecino de San Sebastián, y autor del primer gran retablo de la parroquia de Fuenterrabía. La intervención de Iriarte está confirmada por unas cláusulas de su testamento. Hizo para el retablo el pedestal de piedra y cuatro frisos, que algunos críticos afirman que es la parte más estimable del mismo.
El retablo le llevó a Bengoechea muchos disgustos, ya que tuvo que esperar hasta 1600 para recibir el pago a su trabajo: 4660 ducados.
Poco a poco, la iglesia de San Vicente se fue completando y mejorando en alguna de sus partes. En 1619 se autorizó la construcción de una portalada ante la puerta principal. Los planos los presentó el maestro cantero Domingo de Zaldua.
Hasta 1666 no se hizo la sacristía, que se reformó en los años 1973-74. La hizo Juan de Umbarambe, y costó 1600 ducados que pagaron las hermanas Tarazona, como recuerda una lápida de la sacristía. Un mercader irlandés donó a la sacristía una mesa compuesta por dos piedras negras de gran tamaño en el año 1672. Al año siguiente se puso la sacristía en comunicación con el altar mayor por mediación de una escalerita, que en 1780 se cerró.
En 1784 se construyó la escalera del coro. Costó más de 60.000 reales. El coro estaba sin acceso y sin cierre frontal, y los concejales decidieron promover las obras. En 1735 don Miguel de Arizategui se compromete a construir la escalera.
Hacia 1850 se observó, al construir las alcantarillas de la ciudad, que los cimientos de San Vicente apenas profundizaban dos pies. Se dijo que sus partes principales estaban cimentadas sobre terrenos arenosos mezclados con piedras rodadas, arrastradas por las aguas del mar. Se dispuso el refuerzo de los cimientos.
También a mediados del siglo pasado, en 1856, se construyeron las torres de la iglesia. El encargado de dar cuerda al reloj de San Vicente, don Francisco Salcedo, denunció el peligro que corría la campana del reloj de caer a la calle. El Ayuntamiento decidió cerrar la iglesia al culto, por miedo al peligro que podía encerrar la demolición del antiguo campanario, y se construyeron las torres, según el cuarto proyecto de los presentados por el arquitecto Echeveste. La obra costó 47771 reales, sin contar los 5000 entregados al arquitecto y 4000 al aparejador, el señor Garciaburu.
En 1891 se construye un baptisterio semioctogonal y en 1929 se abrieron cuatro rosetones.
Entre 1891 y 1892 se reformó la puerta pequeña del lado meridional, se cerró un pequeño espacio que quedaba en la fachada norte en la calle 31 de agosto en contacto con la fuente pública y que antes sirvió de depósito de aguas, convirtiéndolo en almacén de utensilios de la iglesia, y se cerró el pórtico principal.
